Las instituciones de Gasteiz e Iruñea lanzan nuevas iniciativas para “deslegitimar la violencia”. ¿Sí, seguro? En realidad, lo que pretenden es negar la existencia de un conflicto político, ocultar la violencia estatal e insistir en la criminalización del independentismo vasco. Para ello, hablan una y otra vez de la violencia de ETA y ocultan las demás violencias. No dudan en recurrir a la mentira (la supuesta primera “víctima de ETA” murió en una acción de un grupo antifranquista que nada tenía que ver con Euskadi Ta Askatasuna) o a la exaltación de criminales franquistas como Melitón Manzanas o Carrero Blanco. Como he escrito en algún otro momento, si ETA hubiera matado a Franco hoy el dictador sería una “víctima del terrorismo” y su memoria protegida por una legislación específica.
Mientras ponen en marcha esta nueva “cruzada”, uno encuentra por doquier apologías de la violencia. Pondré dos ejemplos, que no son el fruto de una investigación exhaustiva, sino de las lecturas que han acompañado la cena de ayer y el desayuno de hoy.
Uno. XL Semanal 1.174, es de la semana pasada, pero yo lo he leído ahora. En la portada, Patxi López y Feijoo, el primero con la pulserita que tanta polémica ha provocado. No voy a hablar de esto, sin embargo, sino de la entrevista a Karl Rove, un tipo despreciable que la revista define como “el hombre que llevó a Bush a la Casa Blanca”. Así se refiere este ser inmundo a los crímenes cometidos en Irak:
“Toda la información de que disponíamos tras los atentados del 11-S indicaban que Sadam Hussein era una amenaza. El mundo hoy sería muy distinto si no le hubiéramos hecho frente. Sadam llevaba casi una década mofándose de la ONU y tenía en su poder casi la tercera parte de las reservas petrolíferas mundiales. No tenía armas de destrucción masiva, pero contaba con instalaciones [nucleares] de uso dual y con infraestructura para volver a poner en práctica con rapidez los programas de ese tipo”.
Decenas de miles de muertos y heridos, vidas truncadas, un país arrasado, torturas, violaciones, expolio, destrucción de bienes y patrimonio cultural, corrupción, un pueblo condenado a la miseria, la guerra y la desesperación, una revista de gran difusión proyecta discursos apologéticos de justificación de la violencia masiva.
Si alguien escribriera que Carrero Blanco debía ser eliminado y que quienes lo mataron hicieron una gran labor se arriesgaría a ser procesado por la “justicia española”. Justificar las masacres de Irak, sin embargo, puede hacerse con total tranquilidad.
Por cierto, en esta misma revista, Punset afirma que “para reducir la violencia en las sociedades, los niños deberían aprender a gestionar sus emociones”. Sin comentarios.
Dos. Otra revista, en este caso, La Aventura de la Historia. Número 139. En una carta al director, José Ramón Pardo de Santayana, “teniente general en la reserva”, pretende rectificar un artículo anteriormente publicado en esta misma revista en el que se mencionaban algunas relaciones entre militares franquistas y de la Alemania nazi. Uno de los citados era Ramón Pardo de Santayana, padre del redactor de la carta-protesta. Así pretende limpiar la imagen de este militar español que realizó labores de enlace con los alemanes:
“Teniendo en cuenta las circunstancias, como siempre hay que hacer al analizar hechos históricos, es natural que recién terminada la Guerra Civil, el ejército español estuviera agradecido al alemán (no a los nazis, cuyo genocidio de los judíos no se conocía todavía) por la ayuda recibida para impedir que España se hubiera convertido en un satélite comunista”.
Apología descarada de un golpe de estado fascista y pura cobardía, a la que ya estamos acostumbrados, para asumir la complicidad nazi. Pero esto, en el estado español, se puede hacer tranquilamente. Nadie va a procesar a este apologeta de la violencia fascista, nadie va a proponer que se enseñe a los escolares a rechazar esa manera de pensar.
Probablemente, si al final de la segunda guerra mundial hubiera llegado la democracia al estado español, el padre de este señor habría sido fusilado sin contemplaciones. Como muchos otros. De ser así, muchos millones de personas habrían evitado sufrir décadas de brutal dictadura. Esto es lo que ocurrió con muchos de los colaboracionistas franceses y, por supuesto, con muchos nazis y fascistas italianos.
En el estado español, que nunca ha roto con su pasado fascista, sólo es delito la apología de la violencia de ETA. Y a esto le llaman democracia.
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